Ir al contenido principal

El verdadero Marulanda Vélez

Memoria
Por Fernando Araújo Vélez -  Semanario Voz


marulanda

Fue presidente del Sindicato de Cundinamarca y cofundador del Partido Comunista Colombiano junto a María Cano. Murió en 1953


El otro Manuel, como lo llamaba Arturo Alape siempre que escribía sobre él, había nacido en La Ceja (Antioquia), por allá en los primeros meses del siglo XX, nunca se supo con certeza cuándo. Era un moreno muy alto, con pecas en la cara, que fumaba todo el día y toda la noche para no quedarse dormido.

Llevaba una cuenta pendiente, él lo sabía. Una cuenta pendiente que en 1953 acabaría con su vida, porque una tarde muy fría lo agarraron en un oscuro sótano de San Victorino con otros veintitantos compañeros de lucha y un montón de afiches “subversivos”, según los organismos de seguridad. Fueron órdenes de Laureano Gómez, dijeron los señores vestidos de negro que lo tumbaron y a puñetazos le sacaron el aire y su eterno cigarro, y a palazos le rompieron los dientes que aún le quedaban buenos.

Marulanda Vélez terminó en los calabozos del Servicio Inteligencia Colombiano (SIC), en la Calle del Sol, barrio La Candelaria. Los hombres del régimen le recordaron allí que él había sido uno de los pioneros del comunismo en Colombia, que estaban enterados de sus mañas, de sus discursos en contra del gobierno, de sus primeras actividades como concejal de Medellín en el año de 1933.

“Usted, señor Marulanda Vélez, no nos podrá negar que echó un discursito contra los Estados Unidos y el Ejército al lado de María Cano, para recordarle a la gentuza lo que gente como usted quiso decir sobre los heroicos sucesos de Las Bananeras”. Tiempo después, uno de sus compañeros detenidos recordaría las palabras de los agresores, los insultos, los varillazos en sus largas piernas.

Recordaría que el verdadero Manuel se prendó primero de María de los Ángeles Cano como mujer, y después, de sus palabras y discursos, y por fin, de la causa. Lo que dijera ella, lo que pidiera, lo que ordenara, él lo aceptaría y cumpliría a rajatabla.

“Con esa mujerzuela usted se inventó el Partido Comunista en este país”, le gritaban en los sótanos de aquel siniestro edificio. Como escribió Alape: “Lo mismo (era) el día que la noche, simplemente el día amanecía anochecido y sólo entraba la luz presurosa, cuando se abría la puerta y se escuchaba el nombre completo del otro Manuel o los nombres de sus otros 27 compañeros de hacinamiento. Luego continuaban las sesiones, una o dos horas de frenéticas golpizas con una varilla…”.

Poco antes de morir, a Marulanda lo recordaban sus camaradas como un eterno albañil, “como si estuviera manejando los gestos de la mano con el palustre o estuviera colocando ladrillos encima uno de otro con sus manos. Alto siempre, delgado, moreno, muy paisa. Un hombre de mucha autoridad.

“De olfato fino sin dejarse enredar en la retahíla de la verborragia. Construía partido, construía movimiento sindical, construía palabras”. El Manuel que tomó su nombre, es decir, Pedro Antonio Marín, o Tirofijo, admitió que “así como nunca lo conocí en vida, nunca por desgracia tuve en mis manos una fotografía suya para decir, después de mirarlo en su pose de quietud fotográfica, he comenzado a desmontar a este hombre por lo menos en el querer de su mirada, porque uno necesita conocer al hombre a quien uno va a reemplazar de nombre, y naturalmente asumiéndolo con la carga de su pasado…”.

A finales de 1953, el día del entierro de Marulanda Vélez, muerto de “golpiza” en un cuartucho cercano a la plaza de San Victorino, los sindicatos marcharon contra el régimen de Laureano Gómez, contra las Fuerzas Militares, los oligarcas y el poder. Lejos de ahí, en un curso sobre política y filosofía, dos hombres se le acercaron a Padro A. Marín para sugerirle que se cambiara el nombre por el de Manuel Marulanda.

“La escuela marxista leninista te deja ese nombre como una cuestión de estímulo para que lleves el nombre del dirigente obrero asesinado y lo lleves bien en alto”, le dijo uno de ellos, Pedro Vásquez. Tirofijo respondió, simplemente, que no sabía si estaría a la altura del sindicalista.

Cita de Arturo Alape: “El otro Manuel”
“Al otro Manuel nunca lo conocí en sus rastros de hombre vivo, ni siquiera lo conocía con el nombre que identificaba a su persona. Cuando se ha existenciado la respiración por tanto tiempo en la montaña, uno no alcanza a vislumbrar la intensidad de las luces del pueblo y, menos ver a esa distancia a un hombre como el otro Manuel, a quien yo ese día en la escuela de cuadros en El Davis -no lo hice por voluntad propia porque ignoraba su presencia, sino por voluntad de otros-, reemplacé en este mundo de nombre. A él como a cualquier otro hombre hay que conocerlo en la profundidad de la historia que construyó al pisar y dejar sus pasos en la tierra…”.

Cuando Pedro Antonio Marín en 1930 apenas tenía once meses de edad, el otro Manuel andaba en los treinta años y fundaba junto a María de los Ángeles Cano, al partido comunista de Medellín. Siempre puntual y asiduo, no perdía reunión que la dulce, tierna y exaltada María Cano -sufría una inquietante transfiguración ante el majestuoso espectáculo de la multitud reunida, psicología del grande orador-, organizaba por esa época en su casa todas las tardes. Un receptáculo de ideas afines.

El otro Manuel con su metro ochenta centímetros de estatura, de sus pies descalzos hasta su cabeza sin sombrero, porque no usaba aún zapatos, escuchaba con inmensa pasión las palabras que con elocuencia brotaban de la boca de María Cano, apuntaladas en su metro cincuenta y ocho centímetros de estatura. Dos formidables estaturas venidas de formación distinta; los dos anduvieron de brazo en la fogosa agitación promovida por el Socialismo Revolucionario en los inicios del año 26.

El otro Manuel que era un orador llano y directo, de persuasivos argumentos de clase, poseído de su importancia de hombre de pueblo, había tenido la oportunidad de escuchar doblemente el timbre sonoro -magistralmente manejado por ella en las escalas de su intensidad-, de la voz de María Cano; dulce, angelical y suave en la sala de su casa y fogosa, acusadora cuando esta pequeña y delicada mujer le abría con los dedos de sus palabras los ojos al país y lo hacía temblar, en la formidable cruzada que realizó en la década de los veinte.

(Arturo Alape, Las vidas de Pedro Antonio Marín Manuel Marulanda Vélez, Tirofijo, Editorial Planeta Colombiana SA, Bogotá, 2004).

Comentarios

Entradas populares de este blog

Testimonio de la única guerrillera sobreviviente del Palacio de Justicia

Crónica Tomada de Las 2 Orillas Por: Clara Helena Enciso | noviembre 06, 2015 Clara Helena Enciso salió confundida en el último grupo de mujeres. De su puño y letra relató en este texto el horror del 6 y 7 de noviembre de 1985 Tratando de dar un poco de luz a los oscuros hechos del Palacio de Justicia elaboro el presente informe que, aunque resumido, pretende dejar en claro los mal intencionados comentarios que a nivel nacional e internacional suscitaron la conducta y moral de quienes participamos directamente en el Operativo. Seguramente es un episodio que, por lo doloroso, nadie quiera recordar. Sin embargo, para mí sigue siendo muy importante dejar constancia: primero, del heroísmo de los compañeros, heroísmo que rebasó todos los límites; segundo, la posición de Almarales[i] frente a los civiles a quienes protegió y respetó en todo momento; tercero, la irracionalidad de las FFAA arremetiendo sin discriminación contra cualquier indicio de vida dentro del recint...

Diana Cardona-Saldarriaga

Memoria  Por El periódiko  «El cuerpo de Diana Stella Cardona, alcaldesa de Apartadó (región de Urabá-Antioquia) fue encontrado el lunes 26 de febrero de 1990 en las afueras de Medellín, cerca de la empresa ARGOS, dentro de un automóvil marca Chevrolet, Monza, gris, con varios impactos de bala en el rostro y el pecho». Con este texto transmitieron la información extra las agencias internacionales de noticias. Diana Cardona como mujer era muy atractiva, de semblante alegre, alta, larga cabellera negra, de modales muy femeninos. Abogada de profesión, destacada dirigente de la Unión Patriótica, se desempeñó con éxito como Personera de Turbo y asesora jurídica de la Contraloría de Antioquia, y Alcaldesa de Apartadó. Diana Cardona fue sacada de la residencia de su familia en la Urbanización Alta Mira, de Medellín-Colombia, el mismo día de su asesinato, por un grupo de individuos armados que se presentaron a las 5:30 horas de aquella mañana y se identificaron c...

Niña de nueve años fue torturada y asesinada por paramilitares en el 2005 en Santander

Memoria  Tomado de Prensa Rural Por Equipo Jurídico Pueblos  10 junio 2018 En un pueblo del Magdalena Medio controlado por los paramilitares vivió Alida Teresa. Era feliz a pesar del encarcelamiento de su padre (quien fue preso político) y las amenazas contra su familia. Hoy, hace trece años, Alida Teresa –la niña de cabello ondulado y ojos marrones- fue alcanzada por la crueldad del paramilitarismo promovido desde la V Brigada del Ejército Nacional y un sector de la clase política santandereana. Le arrebataron su niñez, ultrajaron su cuerpo y extinguieron su luz. Nadie pudo evitar que su vida fuera el desagravio de alguien más. El 9 de junio de 2005 Alida fue desaparecida, torturada y asesinada por criminales que contaron con la protección de miembros de la Policía Nacional de Zapatoca, Santander. Arrancaron la inocencia y sembraron el dolor en todos aquellos que la amaron, que nos contaron su historia, que nos hace recordarla. Tras 12 horas de angustia...

Entradas populares de este blog

Testimonio de la única guerrillera sobreviviente del Palacio de Justicia

Crónica Tomada de Las 2 Orillas Por: Clara Helena Enciso | noviembre 06, 2015 Clara Helena Enciso salió confundida en el último grupo de mujeres. De su puño y letra relató en este texto el horror del 6 y 7 de noviembre de 1985 Tratando de dar un poco de luz a los oscuros hechos del Palacio de Justicia elaboro el presente informe que, aunque resumido, pretende dejar en claro los mal intencionados comentarios que a nivel nacional e internacional suscitaron la conducta y moral de quienes participamos directamente en el Operativo. Seguramente es un episodio que, por lo doloroso, nadie quiera recordar. Sin embargo, para mí sigue siendo muy importante dejar constancia: primero, del heroísmo de los compañeros, heroísmo que rebasó todos los límites; segundo, la posición de Almarales[i] frente a los civiles a quienes protegió y respetó en todo momento; tercero, la irracionalidad de las FFAA arremetiendo sin discriminación contra cualquier indicio de vida dentro del recint...

Niña de nueve años fue torturada y asesinada por paramilitares en el 2005 en Santander

Memoria  Tomado de Prensa Rural Por Equipo Jurídico Pueblos  10 junio 2018 En un pueblo del Magdalena Medio controlado por los paramilitares vivió Alida Teresa. Era feliz a pesar del encarcelamiento de su padre (quien fue preso político) y las amenazas contra su familia. Hoy, hace trece años, Alida Teresa –la niña de cabello ondulado y ojos marrones- fue alcanzada por la crueldad del paramilitarismo promovido desde la V Brigada del Ejército Nacional y un sector de la clase política santandereana. Le arrebataron su niñez, ultrajaron su cuerpo y extinguieron su luz. Nadie pudo evitar que su vida fuera el desagravio de alguien más. El 9 de junio de 2005 Alida fue desaparecida, torturada y asesinada por criminales que contaron con la protección de miembros de la Policía Nacional de Zapatoca, Santander. Arrancaron la inocencia y sembraron el dolor en todos aquellos que la amaron, que nos contaron su historia, que nos hace recordarla. Tras 12 horas de angustia...

Diana Cardona-Saldarriaga

Memoria  Por El periódiko  «El cuerpo de Diana Stella Cardona, alcaldesa de Apartadó (región de Urabá-Antioquia) fue encontrado el lunes 26 de febrero de 1990 en las afueras de Medellín, cerca de la empresa ARGOS, dentro de un automóvil marca Chevrolet, Monza, gris, con varios impactos de bala en el rostro y el pecho». Con este texto transmitieron la información extra las agencias internacionales de noticias. Diana Cardona como mujer era muy atractiva, de semblante alegre, alta, larga cabellera negra, de modales muy femeninos. Abogada de profesión, destacada dirigente de la Unión Patriótica, se desempeñó con éxito como Personera de Turbo y asesora jurídica de la Contraloría de Antioquia, y Alcaldesa de Apartadó. Diana Cardona fue sacada de la residencia de su familia en la Urbanización Alta Mira, de Medellín-Colombia, el mismo día de su asesinato, por un grupo de individuos armados que se presentaron a las 5:30 horas de aquella mañana y se identificaron c...